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Elena Poniatowska, tributo a la raíz polaca
CULTURA | | 2019-11-23 | Agencias
La escritora mexicana publica su “novela más personal”, en la que revisa momentos intensos y dolorosos
El último rey de Polonia, Stanislaw August Poniatowski (1732-1798), apoyó la cultura, la ciencia y el arte; construyó centros de estudio, laboratorios y campos de entrenamiento físico. Propuso en 1771 una de las constituciones más avanzadas de Europa, que apoyaba la igualdad de las mujeres. Aun así, el país se deshizo entre sus manos, se lo repartieron Rusia, Austria y Prusia; Polonia desapareció de la faz de la Tierra en 1795, durante 123 años; incluso quedó prohibido pronunciar su nombre.

Esta es la historia del ancestro más famoso de la escritora mexicana de origen francés Elena Poniatowska (1932), nacido dos siglos antes que ella, que recrea en su nueva novela El amante polaco, cuyo título alude a la relación que el gobernante tuvo con Catalina II de Rusia.

Me intrigó conocer por qué este hombre, que subió al trono a los 32 años, no pudo defender a su patria si tomó el camino correcto. El diario y las memorias en las que describe cómo construyó el país son una gran lección de política, un alegato contra la opresión, una acusación frente al lobo”, afirma la Premio Cervantes 2013.

En entrevista con Excélsior, la narradora que llegó a México en 1943 a bordo del Marqués de Comillas, que zarpó de Bilbao, comenta que le fascinó descubrir que Stanislaw era abierto a la vida y muy curioso.

Le gustaba la pintura, era un gran lector y bailaba muy bien. Cuentan que atrajo a Catalina la Grande, porque bailó delante de ella. La zarina dijo ‘nunca he visto un minueto mejor bailado, más perfecto’. Me cayó bien porque fue un hombre de gran gentileza y amabilidad; no un idiota, chocante, que se creyera la divina garza”, agrega.

Quien nació con el título de princesa, heredado de su padre, descendiente de los Poniatowski, añade que le dolió pensar que Polonia pudo morir. “Me indentifiqué más con esta tierra. Es un país heroico y religioso. Ubicado en el centro de Europa, ha dado grandes cineastas, músicos, pintores, escritores. Ha sido un orgullo redescubrir la patria de donde provengo de alguna manera”.

La novelista y cuentista señala que Poniatowski fue un político sensible. “Iba a las escuelas y disfrutaba platicar con los niños, que éstos lo siguieran. Le importó esta cercanía. Tuvo hijos, pero todos ilegítimos. No podía reconocerlos. Eso le dolía”.

Dice que al defender a Polonia de las naciones que la iban invadiendo demostró la importancia de la autoprotección. “Estaba convencido de que el país más poderoso no tiene por qué invadir al más débil. Esto debe tenerlo en cuenta México, pues tenemos en Donald Trump (presidente de Estados Unidos) a un invasor, a una persona que quiere dominar en todo”.

La también periodista piensa que, tras haber sido incomprendido, los polacos ya revaloran el legado de su último rey, pues lo recuerdan al observar los museos y las bibliotecas que creó.

Destaca que, 250 años después del fin del reinado de Stanislaw, lo reencontró en la biografía de Adam Zamoyski, The Last King of Poland, quien menciona que sus descendientes se encuentran diseminados en Italia, Francia, EU y México.

Sentí que debía escribir algo sobre él, rendirle un homenaje apasionado. No hay un solo libro en español sobre su vida y quiero pasar una especie de estafeta a las nuevas generaciones”, indica.

ACERCA DE SÍ MISMA

Poniatowska confeccionó esta primera parte de El amante polaco en dos tiempos narrativos: el de las cortes europeas del siglo XVIII y el de la Ciudad de México de la década de 1950. Es decir, a la par de narrar la vida de su ancestro, revisa la suya: su infancia en la capital, su encuentro con el periodismo y la literatura y algunos momentos que vivió, unos intensos y otros dolorosos.

Pensé que sería un poco injusto y feo hablar nada más del rey Poniatowski, como un libro de historia. Hay muchísimo escrito sobre él en Francia, Polonia e Inglaterra. La gente preguntará y esa por qué está escribiendo y cómo llegó a México. Por eso narro mis primeros años aquí”.

Aclara que ésta es la primera vez que escribe sobre sí misma. “Todos mis libros han sido sobre otros: Jesusa Palancares, Lupe Marín, Tina Modotti, Leonora Carrington. No me sentí un personaje, sólo pensé que sería un acto de honradez poner mi propia experiencia al lado de la del rey. Era para no dejarlo solito, acompañarlo”, explica.

Evoca, a partir de flashes que aparecen al final de cada capítulo dedicado a Stanislaw, cómo llegó a la capital mexicana, su vida en familia y su trabajo en Excélsior.

Como reportera era feliz, era mi manera de conocer el país. A quienes entrevistaba me trataban con cariño, me invitaban a comer, como Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Diego Rivera y hasta María Félix. Reconocías la inteligencia del otro, entonces te lo agradecían mucho”, recuerda.

La cronista decidió compartir por primera vez la historia detrás del nacimiento de su primer hijo, Emmanuel Mane Poniatowski, en 1955, y lo difícil que fue convertirse en madre soltera.

Detalla la convivencia con un personaje denominado “el Maestro”, al que visitaba una vez a la semana en su departamento de la calle Ganges, colonia Cuauhtémoc, donde lo encontraba pintando su tablero de ajedrez. Cuenta su admiración por él y la convivencia que tuvieron hasta la tarde en que la atacó sexualmente, hecho que transformó su vida porque quedó embarazada.

La escritora comparte cómo tuvo a su hijo en Italia y le aconsejaban darlo en adopción, pero decidió conservarlo. Ante la pregunta de si “el Maestro” era el escritor Juan José Arreola, dice que sí. “Ya se sabía, muchos lo saben. Pero no hay que decirlo, para qué, además, ya pasaron tantos años. Él usaba su capacidad de convencer, de ser muy seductor, para hacerle daño a la gente”.

Aclara que le dio a leer el libro a Mane. “Le pareció bien que lo publicara. Si él me hubiera dicho que no, jamás lo publico”.

Dice que se siente liberada tras compartir con sus lectores esta experiencia y que entregará la segunda parte de la novela en los primeros meses de 2020. “Será más tranquilo en cuanto a mí se refiere. Evocaré la vida que sigue, los problemas de México en esa época. Sobre Stanislaw recrearé desde su coronación hasta su muerte”.